Hace algún tiempo vi una película llamada: Comer,
rezar y amar. A veces me siento dentro de esa película, a veces siento como
hablo con personas de mi pasado y luego las dejo ir, a veces me siento la niña
que se llama tutti cada vez que veo esa pieza de vidrio que muestro en la foto,
y recuerdo lo que la protagonista decía al escribir un correo electrónico para
pedir ayuda a sus amigos. Algo así como: - ‘Cuando sales al mundo para
conocerte a ti mismo, terminas ayudando a Tutti’- . Palabras más, palabras
menos, pero lo que quiero rescatar es eso. Todos somos unos, nuestras
decisiones impactan la vida de otros también, tanto al que le pagas como al que
le debes, al que rechazas como al que amas, al que ignoras como al que le das
toda tu atención. Todo está conectado, todo tiene una consecuencia, una causa,
y un efecto en el mundo en el que vives.
-“Algunas veces, perder el
equilibrio por amor, es parte de vivir una vida equilibrada”. –Ketut Liyer.
La anterior es otra de mis frases favoritas que intento internalizar. Vivo tan
preocupada por mantener mi equilibrio, que lo pierdo fácilmente cuando todo
sale de mi control. Cuando él desaparece sin decir a donde va, qué hace, por
qué no llama, o no responde a tiempo. Intento hacerme la fuerte ahora, se nota
en mi cuerpo que ya comienza hacer coraza con estos kilos demás. Intento seguir
mi vida y sentir que sé lo que hago y a donde voy. Porque se lo que quiero, pero
la verdad no sé cómo llegar a ello. Sólo aprovecho esta nueva energía que
siento dentro de crear, comunicar y ayudar, este amor renovado por lo que hago
que regresó del olvido. Siento amor al responder cada correo de mi servicio
gratuito, siento que cumplo con Dios, me siento útil en el mundo, me siento
buena persona, y llena mi corazón enviarle luz a otra persona que lo necesita.
Mi corazón no está roto hoy, no está vacío, está lleno de amor, pero no de amor
humano, de amor divino, no tengo duda de que fue Dios quien me hizo el milagro
de revivirme y arder la llama de la pasión en mi ser para motivarme a ayudar a
otros aunque yo este rota en mil pedazos. Pues cada persona que me ha herido se
lleva un pedazo de mí, algo que le entregué pensando que se iba a quedar. No me
arrepiento de entregar, pero sí de dar demás…
Esta noche tengo ganas de
hablar con alguien, tengo ganas de salir y disfrutar de una caminata por la
playa, tengo ganas de sentir sus manos junto a las mías, de poder hacer
contacto visual por largo tiempo sin miedo a ver algo que me decepcione en sus
ojos. Tengo ganas de escuchar una guitarra sonar en vivo, y una voz cantándome al
oído. Tengo ganas de sentir que respiro un aire diferente al del humo del
cigarrillo, que me acompaña y que vive conmigo. Tengo ganas, eso tengo, sólo
eso…
Desde este humilde rincón del
que te escribo me despido de ti, sintiendo este calorcito característico de mi
país, desde donde espero verte algún día venir, para que me digas que sí. Te
amo, gracias.
Namasté.

No hay comentarios:
Publicar un comentario