lunes, 9 de enero de 2023

Tutti.

 

  


Hace algún tiempo vi una película llamada: Comer, rezar y amar. A veces me siento dentro de esa película, a veces siento como hablo con personas de mi pasado y luego las dejo ir, a veces me siento la niña que se llama tutti cada vez que veo esa pieza de vidrio que muestro en la foto, y recuerdo lo que la protagonista decía al escribir un correo electrónico para pedir ayuda a sus amigos. Algo así como: - ‘Cuando sales al mundo para conocerte a ti mismo, terminas ayudando a Tutti’- . Palabras más, palabras menos, pero lo que quiero rescatar es eso. Todos somos unos, nuestras decisiones impactan la vida de otros también, tanto al que le pagas como al que le debes, al que rechazas como al que amas, al que ignoras como al que le das toda tu atención. Todo está conectado, todo tiene una consecuencia, una causa, y un efecto en el mundo en el que vives.  


-“Algunas veces, perder el equilibrio por amor, es parte de vivir una vida equilibrada”. –Ketut Liyer. La anterior es otra de mis frases favoritas que intento internalizar. Vivo tan preocupada por mantener mi equilibrio, que lo pierdo fácilmente cuando todo sale de mi control. Cuando él desaparece sin decir a donde va, qué hace, por qué no llama, o no responde a tiempo. Intento hacerme la fuerte ahora, se nota en mi cuerpo que ya comienza hacer coraza con estos kilos demás. Intento seguir mi vida y sentir que sé lo que hago y a donde voy. Porque se lo que quiero, pero la verdad no sé cómo llegar a ello. Sólo aprovecho esta nueva energía que siento dentro de crear, comunicar y ayudar, este amor renovado por lo que hago que regresó del olvido. Siento amor al responder cada correo de mi servicio gratuito, siento que cumplo con Dios, me siento útil en el mundo, me siento buena persona, y llena mi corazón enviarle luz a otra persona que lo necesita. Mi corazón no está roto hoy, no está vacío, está lleno de amor, pero no de amor humano, de amor divino, no tengo duda de que fue Dios quien me hizo el milagro de revivirme y arder la llama de la pasión en mi ser para motivarme a ayudar a otros aunque yo este rota en mil pedazos. Pues cada persona que me ha herido se lleva un pedazo de mí, algo que le entregué pensando que se iba a quedar. No me arrepiento de entregar, pero sí de dar demás…

 

Esta noche tengo ganas de hablar con alguien, tengo ganas de salir y disfrutar de una caminata por la playa, tengo ganas de sentir sus manos junto a las mías, de poder hacer contacto visual por largo tiempo sin miedo a ver algo que me decepcione en sus ojos. Tengo ganas de escuchar una guitarra sonar en vivo, y una voz cantándome al oído. Tengo ganas de sentir que respiro un aire diferente al del humo del cigarrillo, que me acompaña y que vive conmigo. Tengo ganas, eso tengo, sólo eso…

 

Desde este humilde rincón del que te escribo me despido de ti, sintiendo este calorcito característico de mi país, desde donde espero verte algún día venir, para que me digas que sí. Te amo, gracias. 

 

 

Namasté.


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