domingo, 24 de mayo de 2020

Me gusta leer.


Siempre me hice muchas preguntas que parecían no tener respuestas. Estudié y viví de forma autodidacta muchas filosofías de vida, muchos libros, muchas personas, muchas energías y luces. A pesar de mis propias limitaciones. Gracias a muchos de esos libros comprendí lo que me pasaba cuando me preguntaban algo que a nivel conciente no sabía, pero acto seguido me bajaba una información con imágenes que luego la persona o yo misma confirmaba en ese instante o con el tiempo. Me atrevo a decir que leyendo me conocí a mi misma; así como también a través de cada persona que conocí en la vida y en las consultas del Tarot. 


Un día, antes de salir de una terapia holística que me realizó una chica en Cumaná-Venezuela; le pregunté qué tal el Reiki, porque siempre quise hacerlo. Ella me dió su opinión, y yo le dije: "Después de tantos libros y talleres, comprendo que lo único que debemos hacer es vivir, porque todo se contradice, y te toca descubrir por ti misma si es real lo que aprendiste o fantasía". Y ella me sonrió y asintió con su cabeza. Me hizo seña para salir porque tenía otro paciente que atender, al agradecerle y abrazarla, veo las letras Sat Nam blancas sobre una mesa. Le pregunté el significado, me lo dijo y no obstante lo busqué por internet cuando llegué a casa, como hago con todo lo que pasa por mi mente, escucho y veo que me llama la atención. 



Y pues, viviendo descubro que la ciencia le está dando la mano a la espiritualidad. Ojalá descubra que tienen mucho en común, que siempre debieron ir de la mano por ser opuestos complementarios. Descubro que mucho de lo que vi en "mis viajes" no fué producto de mi imaginación, y que la imaginación es quizás un don divino, la capacidad de ver de verdad lo que pasó, pasa y pasará. 



Piénsalo, Cuántas cosas has "imaginado" que posteriormente has visto manifestar ante tus ojos. Y las que no, de igual forma tienen una explicación. Y bueno esto es un tema de cual podría extenderme, como de costumbre, porque me encanta filosofar, hasta sola, mientras escribo o hablo conmigo misma. 
Y para no perder esa bonita costumbre de desviar el tema para luego retomarlo casi al finalizar. Acabo de recordar que cuando era niña "hablaba sola". Veía a otros niños y jugaba con ellos, me decían su nombre, jugaban conmigo. Nunca me sentí sola de niña, siempre sentí que me observaban. Y cuando nos mudamos de casa tenía una nueva amiga "imaginaria" llamada Paula, igual que una muñeca que me regalaron tiempo después de que Paula me dijera que se iba, y llore todo ese día, me sentí muy triste. Gracias a Dios conocí amigas reales cuando crecí, que por cosas de la vida fui yo quien abandoné o solté (prefiero decir solté) como hizo Paula conmigo. 

Los amigos imaginarios siempre estuvieron, encarnados y desencantados, presentes y ausentes. Cuántas historias nos contamos y nos cuentan, y aunque sean reales o no, lo importante es lo que despierta en nosotros, lo que nos dejan aunque se hayan ido o estén temporalmente distantes. 


Para finalizar y obligarme a dormir, retomo  lo escrito en el primer párrafo con respecto a los libros y la lectura; Los libros me dieron una base en la cual sostenerme a la hora de hablar con personas de temas tabú, o de los cuales ignoraban completamente. Creo que es muy necesario para todos dedicar algún tiempo a la lectura, y entregarse al proceso de la vida que permitirá que con el tiempo vayas descubriendo de verdad existe o es posible todo lo que lees. A que experimentes y vivas con conocimiento, lo cual te permitirá  vivir con sabiduría, y creo que en esa etapa está la felicidad. De la cual escribiré más adelante. 



Gracias por leer lo que escribo, porque pudiste invertir tu tiempo en otra lectura o acción. Pero si has leído esto hasta aquí, he logrado captar tu atención y para una fanática de los pequeños detalles de la vida, es valioso y me llena de alegría. 

Te envío luz, tu luz, mi luz, la del mundo. Y que esa luz te envuelva siempre. ¡Gracias! 

🙌💛💫

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